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¡Holaaa!

Mi nombre es Lizandra! Soy cubana y desde que tengo uso de razón, me encanta bailar. Mi madre siempre me apuntaba a clases de danza, aeróbic y desde pequeñita destacaba sobre todo por la facilidad que tenía para seguir la música y el buen ritmo, pero mi miedo escénico en aquel momento me impidió continuar.

 

A los 16 años me fui a vivir a Chile durante dos años. Mi vida a esa edad era solo estudiar pero al cumplir los 18 años tuve la gran oportunidad de participar y trabajar en un restaurante con show y música en directo muy característico cubano, donde formé parte de un gran elenco de bailarines que me dio las alas para darme cuenta de donde estaba mi gran talento.

 

En 2007 al llegar a España dejé por completo el baile, no lo veía como algo que me diera un futuro laboral, y estudié un Grado Superior en Dietética, porque quería dedicarme a algo relacionado con el bienestar y la salud de las personas.

 

Al final durante muchos años me dediqué a trabajar en el sector de la hostelería, un oficio muy sacrificado y duro pero gracias al que, de forma accidental, descubrí mi verdadera pasión…

¿Cómo cambió mi vida?

 

Trabajando en el restaurante, mientras movía un mueble muy pesado, sufrí una gran lesión directamente en la zona lumbar. Esta parte de mi cuerpo ya había sido afectada previamente. Tanto que llevaba 4 años sufriendo pinzamientos que me dejaban inmóvil. Después de muchas pruebas, me diagnosticaron una hernia discal L4-L5. Desde el 2014 hasta finales del 2017 padecía fuertes dolores constantes, y especialmente duros coincidiendo con el cambio de estación. A pesar de mis constantes visitas a varios médicos, siempre me decían lo mismo: “no hay solución”. Pero me negaba a creerlo.

 

A finales del 2017, con la esperanza de encontrar un alivio para mi espalda, y tras una etapa personal muy dura, decidí volver a bailar. Bendito el momento… No solo encontré un gran alivio a mi dolor, sino que se convertiría en mi gran pasión y profesión.

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